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2011 - VII Jornada Escuela de Psicoanálisis
de los Foros Campo Lacaniano / España (IF-EPFCL)

Finales y consecuencias de los análisis

 
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En la línea del trabajo propuesto en Roma para las próximas Jornadas de la Escuela que se celebrarán en París en diciembre de 2011, encaminado a sostener el discurso analítico y despejar cuestiones tales como la diferencia entre final de análisis y Pase.

El Pase, evalúa ¿el deseo de analista?, ¿cómo alguien quiere ocupar el lugar del analista?, o ¿si hubo final de análisis? Es decir, ¿evalúa la satisfacción del final de análisis, la satisfacción de dar cuenta de la verdad mentirosa, el entusiasmo por el encuentro con el horror de saber?

Éstas y otras muchas cuestiones están presentes en nuestros actuales debates, y serán ellas las que decidan la posición particular de nuestra Escuela en relación al Pase.

Por otro lado, las consecuencias de los análisis no se reducen solamente a cuestiones de Escuela, sino que la transcienden en los efectos operados sobre aquellos sujetos que decidieron, un día, iniciar su análisis.

en CaixaForum Barcelona
Av. Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8 - 08038 Barcelona

Programa

8:30 recepción

9:00 apertura: Rosa Roca, AME (Barcelona)

9:30-10:45 - 1ª mesa - Lo real como límite
modera: Ana Alonso, AME (Madrid)

Al fin... ¿verdad o consecuencia?
Jorge Chapuis, miembro EPFCL-FPB (Barcelona)

El pase por el horizonte de los sucesos

Francisco Estevez, AME (Asturias)

10:45 - 11:15 - pausa

11:15-12:30 - 2ª mesa - Salidas posibles
modera: Xabier Oñativia, AME (Donostia)

¿Cómo se sale de...? cómo no ser kantianos
Rithée Cevasco, AME (Barcelona)

El pudor, ¿saldo ético de un análisis?
Rebeca García, AME (Madrid)

12:30-13:45 - 3ª mesa - La imposibilidad como otro nombre de lo real
modera: Palmira Dasí, AP (Valencia)

La imposibilidad respecto a la doble faz del acto sacrificial
Nieves González, AME (Madrid)

Efectos de la caída de un semblante en la tarea del analista
Antonia M. Cabrera, AME (Madrid)

13:45-16:30 - almuerzo

16:30-18:30 - mesa redonda sobre Enseñanzas del pase
modera: Manel Rebollo, AME (Tarragona)

(Re)pasando, Ana Martínez, AME (Barcelona)
Pase y doxa, el problema, Albert Nguyên, AME (Bordeaux)
Momento(s) de pase, Patricia Dahan, AE (Paris)

18:30 - clausura: Mª Luisa de la Oliva, AME (Madrid)

Precio: 40€ (estudiantes hasta 25 años con justificante 20€)
Información, inscripción y reserva de plazas:
Secretaría FPB - info@epfcl-fpb.org - T. 934 108 317

Comisión científica: Ana Alonso, Palmira Dasí, Mª Luisa de la Oliva, Xabier Oñativia,
Manel Rebollo, Rosa Roca.

Comisión de organización: X. Campamà, R. Jiménez, M. Pelegrí, A. Rifé, N. Rivera,
A. Rodríguez, I. Rosales.

ESPACIO FORO

Barcelona, 25 de febrero 2011

Sobre las parejas en la actualidad. Lo que las une y desune.

Cuando dos se unen, no por eso hacen uno. Sin embargo, ya los una el amor o el estrago, el síntoma o el fantasma, para ellos —la pareja— se inaugura la creencia de que la relación entre los sexos es posible ¿Y cuando se desunen?
Pretendemos que esta mesa, que cuenta con dos analistas y una escritora, y los participantes, nos digan tan fragmentariamente como sólo puede decirse sobre ésta y otras cuestiones de parejas... actuales o tal vez de siempre.

Mesa redonda

Apertura: Antonia M. Cabrera, AME de la EPFCL, presidenta de la FFCLE-F7

Ponentes
Vicente Mira - Psiquiatra, psicoanalista, miembro del Foro Psicoanalítico de Madrid, docente del Colegio de Psicoanálisis de Madrid.
Isabel Núñez - Escritora, traductora y crítica literaria, colaboradora habitual de La Vanguardia Cultura/s. Es autora de los libros de relatos Crucigrama (h2o, 2006) y Algunos hombres… y otras mujeres (Menoscuarto, 2009), del ensayo Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes (Alba, 2009) y del libro multigénero La plaza del azufaifo (Melusina, 2008).
Josep Monseny - Psicoanalista y Psiquiatra, AME de la EPFCL. Docente en ACCEP e ICLES y Coordinador del IPB (Instituto para el diálogo del psicoanálisis con los otros discursos sobre los malestares en la cultura).

Coordina
M. Inés Rosales - Psicoanalista, AME de la EPFCL, miembro del FPB.

Organiza: Federación de Foros del Campo Lacaniano de España - F7 (FFCLE-F7) y Fòrum Psicoanalític Barcelona (FPB)

 

 

 

 

Preludio 1

Realeza del Inconsciente

La experiencia psicoanalítica es singular por antonomasia. La unidad de su cuerpo teórico, establecido en sus albores por Sigmund Freud y revitalizado medio siglo después por Jacques Lacan -tras duros tiempos de oscuras revisiones- no ha dado como resultado un modelo canónico de final. El recorrido que posibilita la transferencia, afectada por el acto analítico, apenas deja lugar al cálculo predictivo acerca de sus efectos, tanto en el psicoanalizante como en el psicoanalista. En todo caso, ese cálculo sólo es posible après-coup, retroactivamente  En esa tesitura Lacan inventó el procedimiento del pase, con el propósito de asegurar que, con independencia de las personas, un funcionamiento riguroso arrojara nueva luz acerca de los límites de esta experiencia.

Tenemos en primer lugar el tiempo clínico del pase, o bien los tiempos –diversos para un mismo sujeto, e incluso en un mismo análisis-, momentos de inflexión en que el analizante se supone (a sí mismo) en condiciones de poder transmitir acerca de lo que “le paso” en su recorrido, muy particular acerca de lo que haya podido ser el paso del psicoanalizante al psicoanalista, con sus efectos respecto al deseo -del analista- y al saber. Acerca de esta eventualidad del análisis, ese período que se espera fecundo para la transmisión, y de sus “coqueteos” con el final del análisis, mucho hemos escuchado, leído, hablado, escrito y debatido, pero aun queda mucho por resolver.

En segundo lugar tenemos el procedimiento del pase: un dispositivo constituido por un pasante, dos pasadores (el pase propiamente dicho) y un cártel del pase. Hay quien se presenta al pase sin haber aún resuelto su vínculo con el analista, y hay quien no lo hace hasta después, incluso de mucho después. Este es uno de los puntos de reflexión acerca de la ¿extemporaneidad? final-pase.

Atravesamiento del fantasma versus identificación al síntoma jalonan los primeros tiempos de la concepción de Lacan sobre el fin del análisis, quien más adelante se interesará por la topología de ese momento. Así, si el toro de la neurosis es recortado por el pase se produciría el aplanamiento del falo en una figura moebiana. Más adelante la topología lacaniana se centrará en los nudos, posibilitando nuevas perspectivas. Finalmente, el pase por el objeto de los primeros tiempos encuentra un revulsivo luego en el pase por lo real, que implica una modificación en el estatuto del inconsciente. Éste había estado sin ninguna duda en el registro de lo simbólico y se hace “lugar” inequívoco en lo real.

Tales aparentes diferencias en las concepciones del final ¿cambian la experiencia analítica? ¿qué consecuencias tienen en los análisis, en sus finales, en los pases, en las nominaciones?

Nuestra escuela encuentra su pecado original en una experiencia de pase fracasada institucionalmente en otro campo. Pasar del campo freudiano al campo lacaniano nos ha supuesto cuestionar de nuevo el pase, tanto como momento clínico como procedimiento. Más de diez años de Escuela (EPFCL), superando con creces en lo cronológico nuestra experiencia anterior (AMP), y con algunos precedentes nada desdeñables, como la disolución de las EFP por parte de Lacan, también a “causa” del pase, nos invitan a retomar epistémica y clínicamente ese tiempo de inflexión y su procedimiento de transmisión, así como sus consecuencias.

Ciertamente, las escuelas psicoanalíticas lacanianas han tenido también sus pases, y con ellos sus finales, y sus consecuencias.

Se abre pues una oportunidad, aún, para revisar lo que llamamos finales de análisis, para debatir acerca de las consecuencias de los análisis, y para pensar las consecuencias de los finales –en su pluralidad- así como lo que puede operar como finales de las consecuencias. Con este último avatar significante me refiero a lo que puede poner fin a las consecuencias de un análisis, sea del lado del obstáculo, de la obturación, o bien del lado del salto, de poder sortear un más allá.

En todas estas variantes la sombra del pase se cierne, y su espesura podrá ser mayor o menor en función de lo que hayamos podido dilucidar y transmitir en nuestras próximas jornadas. ¿Qué consecuencias tiene el pase en el análisis, en su final, en el sujeto (pasante, pasador, cartelizante…)? ¿Qué consecuencias puede tener la nominación? ¿Y la no nominación? También para el cártel, ¿no hay afecto depresivo si no se produjo transmisión de nuevo analista?

Esperamos que aquellos que han podido pasar por esta apasionante experiencia traigan a estas cuestiones, a distintos niveles –pasantes, pasadores, AE, miembros de carteles- sus diversas respuestas.  También nos interesará mucho lo que se les haya producido como nuevas preguntas, pues éstas, por lo menos, pueden reorientar les cuestiones suscitadas. Seguramente los carteles también han desplazado el sentido de sus propias preguntas, a la luz de las respuestas que se han ido dando en este tiempo, así como a la luz de lo que ha ido pasando, o de lo que no ha opasado, en la puesta en acto del dispositivo. He querido respetar el “fallido tipográfico” –opasado- por su remisión a lo opaco en connivencia con el pasado, lo que no se hace presente, y por lo tanto podría volver. Viene a ser un modo -¿inconsciente real?- de sugerir alguna otra pregunta que estaría en ciernes.

Si empezamos con Freud, con la realidad del Inconsciente, y llegamos con Lacan al Inconsciente real, tal vez si podemos proseguir se deba a la realeza del Inconsciente, lo que puede orientarnos cuando las personas, e incluso su obra investigadora, ya finalizaron. Realeza del Inconsciente que da fe del discurso que lo sostiene, el del Amo. El desarrollo de un análisis, con su final y sus consecuencias, no hace que ese Inconsciente cambie de discurso, aunque lo haga su sujeto, por lo menos temporalmente.

¿Qué consecuencias pues tiene el análisis y su final en el estatuto, real, simbólico, imaginario, del inconsciente, y en la relación de quien finalizó con él?

Bien, dejo en suspenso este último equívoco. Veamos si tiene consecuencias.


Manel Rebollo

 
 

Preludio 2

Algunas Consecuencias….

Al hilo del final del Preludio 1, un equívoco y sus consecuencias permiten empezar la serie. Pues, quien finalizó su análisis, ¿tendría por ello que haber finalizado con su inconsciente? ¿Qué se cierra o se concluye en esa relación?

Relación inaugurada por la suposición de saber, que el analizante atribuye al Inconsciente, del que espera obtener, a partir del desciframiento, los significantes que puedan dar cuenta de su ser y de su padecer.Suposición también atribuible a un sujeto, el analista, que acompañará el trayecto, encarnando la esperanza del analizante de que algún día podrá alcanzar ese saber supuesto.

Tenemos entonces una relación con el inconsciente intérprete de sentido, transferencial, de amor al saber, en la que las preguntas empujan el trabajo analizante, a la espera de obtener la verdad del enigma que convoca al sujeto. Vueltas y revueltas necesarias, en las que se desprende una satisfacción analizante, del sentido.

Algunos índices dan cuenta del término del proceso analizante. Así, reconocer la experiencia de lo real, del sinsentido del inconsciente real, como lo que no conlleva ya carga de sentido para el sujeto, y aceptar que no hay un saber absoluto, que éste tiene un agujero, le permite poner punto final al nivel asociativo y detener esa carrera tras el espejismo de la verdad.

La caída de la creencia en el Sujeto supuesto saber, en el camino que va de la espera a la imposibilidad, se resolverá según la posición ética del analizante. Sin duda el analista también tendrá su parte, pues le corresponde darse cuenta de lo que está en juego y su intervención o no intervención podrá facilitar ese paso. Paso que no hay que olvidar ha sido posible porque la ilusión de la transferencia ha operado, permitiendo ir hacia el inconsciente real, cayendo ella misma en ese movimiento. Ahí donde la suposición del sujeto se detiene, empieza el inconsciente saber sin sujeto.

La satisfacción del fín es otro de los índices que marcan que se puede concluir el análisis, a la vez que es el afecto que acompaña a la conclusión. Satisfacción correlativa de haber puesto punto final a la búsqueda de la verdad, de correr tras el sentido, de poner final a la satisfacción analizante. Satisfacción del fín que trata de un reordenamiento de goce al que el sujeto consiente o dicho de otra manera que ha habido un cambio de la relación subjetiva con el goce. Sin duda una vez más hay que invocar a la dimensión ética particular de cada analizante, a la vez que ahora podemos contemplar que el tiempo del análisis ha sido el tiempo de la adquisición de esta satisfacción.

Entonces retomando las preguntas del inicio, podemos apuntar que por finalizar el análisis no se finaliza con el inconsciente, éste sigue operando, siguen los lapsus y otras formaciones del inconsciente, pero la relación con ello es diferente. Ante esas emergencias de lo real, no hay las vueltas tramposas por el sentido sino que se está advertido en los modos de goce de cada cuál.

Consecuencias del final, que han permitido que el horror a saber, a saber del propio goce, haya transitado hacia la satisfacción posible, en lugar de hacerlo siempre depender del Otro para no hacerse cargo ni de la castración del Otro ni de la propia. Saber obtenido del análisis, que tiene efecto de cambio y modifica al sujeto de forma definitiva.

Aún otras consecuencias podemos esperar del final, aquellas que nombran el vivir, también aquella que puede hacer posible que alguien que llegó hasta la conclusión quiera ocupar el lugar del analista. Condición necesaria pero no suficiente, dirá Lacan, a la vez que se pregunta, ¿por qué querer ser analista? ¿existe otra razón que la de ganarse la vida para querer ser analista?  Y nos hablará del entusiasmo, del deseo del analista, de lo singular de las marcas más primarias del ser y de la ética del sujeto, que ha consentido en confrontarse con el horror de saber, pero a fín de cuentas ésta como otras cuestiones son temas todavía a trabajar, preguntas abiertas  que esperamos esta jornada pueda aportarnos algunas respuestas.

Ana Alonso

 
 

Preludio 3

Una reinvención singular

El infierno de los vivos, no es algo por venir, hay uno, el que ya existe aquí, el que habitamos todos los días, y que formamos estando todos juntos.
Hay dos maneras de no sufrirlo.
La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo.
La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizajes continuos : buscar y saber reconocer quién y qué, en mitad del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.

Al igual que en la cita de Italo Calvino, Lacan esclareció, que no es necesaria la invocación a un infierno como gran A garante y justiciero de nuestros actos. El infierno está mucho más próximo, porque el infierno debuta desde el preciso instante en que uno despierta a su realidad objetivable, por más que esté velada por el fantasma. El infierno anida en las contradicciones que atenazan las identificaciones, en lo que nos hacemos a nosotros mismos, en las cesiones del lado de la palabra, del acto o del deseo. El infierno está alienado a la batuta significante.

Pero es precisamente en ese infierno privado en donde el neurótico se complace en una satisfacción que se presenta atravesada por el sentido de lo que deviene su auténtico partenaire, el síntoma y en la sobreimpresión de significaciones que ahondarían, desde ese vértice, en la infinitud de su inconsciente para emitir reediciones de su nudo traumático.

Se trata de una satisfacción, modulada por la estructura lógica de su goce y comandada por la mentira del Uno, rasgo unario ignoto para el sujeto, que se revela sustraído por a.

No fue otra la revolución freudiana, que la de descubrir la soldadura entre la palabra inequívoca que hace pathos y su inscripción en el cuerpo.

Si ese mismo sujeto que sustentó sus condiciones de vida en la creencia de A, del Uno, en el desconocimiento de una verdad cuyo rasgo es que, en lo real es insabida , entonces, ¿qué satisfacción podría ofertar un análisis a un sujeto? Dicho otro modo, ¿en qué satisfaría al sujeto saber sobre lo insabido de su verdad?

Decantar las identificaciones que coagularon su ser de goce, descubrir que es él mismo y no el Otro quien goza de la incidencia del lenguaje en la subjetividad; aislar que el sujeto en tanto tal, no existe más allá de un enigma despejado a partir de la escansión entre dos significantes; elucidar que el Otro, no solo no sabe sino que siquiera puede rendir cuentas de aquello que es, dejaría al sujeto, una vez transitado su análisis, en una posición de desamparo radical supuesto frente a lo que, otrora , fue su bastión de subsistencia, un desamparo desconocido pero abrigado por la ilusión del efecto transferencial que establece un análisis.

Una cura llevada a su término apunta, en las últimas construcciones de Lacan, al inconsciente real. El inconsciente real tiene su habitat en lalengua y apunta al absurdo del fuera-de-sentido que pondría fin a lo imposible de hacer palabra a aquello que, desde lo netamente lógico, es impronunciable. El momento del pase a lo real, es informulable como enunciado y no entraría dentro del campo de la lógica sino a través de signos.

Lacan en 1976 articula la satisfacción del fin cuando cae la satisfacción arrebatada a la verdad mentirosa. Es un cambio de gusto que tiene en cuenta el fuera-de-sentido del Inconciente Real y que viene a limitar el gusto por los espejismos de la verdad.

La caída del espejismo de la verdad marca la satisfacción del fin.

Al hilo de los preludios precedentes, se abren interrogantes del lado de devenir analista y de cómo testimoniar de la experiencia hysterizante del análisis en el Pase, como puesta a prueba de la falta de la falta, en tanto ésta misma, hace lo real.

Testimoniar del recorrido propio y hacerlo en relación al trabajo en la Escuela, son horizontes que se perfilan para todo aquel que trabajó de forma decidida por su propio análisis y por la causa analítica.

Pero también podemos plantearnos qué ofertaría un análisis culminado a un sujeto que simplemente, desea continuar con su vida, aún a sabiendas de que, siendo el mismo que fue, ya nada para él, hombre o mujer, será lo mismo.

¿Qué consecuencias del final entonces?

Freud respondió a un periodista, hace algo menos de un siglo, le cito, que una persona sana, es aquella que puede amar y trabajar.

¿Cómo se amaría entonces?, ¿cómo se trabajaría a partir de un análisis?, podrían ser cuestiones a incluir, debatir y considerar también en el encuentro que vamos a tener en nuestras VII Jornadas Nacionales de Escuela en Barcelona.

Palmira Dasí

 
 
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